Parto de la premisa de que todo lo que creo es cubano
y que proponerse concientemente un resultado final cubano es inútil,
pues en cualquier tema que trate sea de la literatura universal o abstracto,
estará ahí esa cubanía, a pesar de mí. No
obstante el problema se presenta cuando he escogido manipularlo
cubano concientemente. Trabajar en este plano significa tratar de hallar
un equilibrio entre dos extremos muy peligrosos; de un lado la poderosa
imagen cliché de lo cubano y del otro los clichés vanguardistas
de lo cubano como tabú. En cuatro momentos de mi obra me he visto
enfrentada a lo cubano como materia concreta en el proceso de creación:
Mariana (1980), Retorna (1992), El pez de la torre nada en el asfalto
(1996) y El árbol y el camino (1998). Otra manera fue hacer un sincretismo entre entre estos personajes
y el panteón yoruba afrocubano, descubrimiento que surgió
en el proceso. Mariana-Yemayá, Marcos-Ogun, Antonio Maceo-Changó.
En el momento en que voy a coreografiar la escena en que Marcos enseña
a sus hijos a manejar el machete me doy cuenta de que la danza de manejar
el machete ya existe en Cuba milenariamente y es la danza de Oggun, dios
de los metales, y que era mucho más fuerte reelaborar una información
que forma parte de la conciencia colectiva del cubano que inventar de
la nada una danza del machete. A partir de ese momento comenzaría
a buscar en Mariana una evidente Yemayá, madre de todos los dioses,
la madre por excelencia en nuestra cultura con sus pasos marinos que mecen
a las criaturas y su manera única de salvar lo que tiene alrededor
poniéndolo a salvo en su gran saya. ¿Y Antonio Maceo? El
gran guerrero estaba también ya creado, era Changó. En ese momento pude constatar que lo cubano, en este caso
lo afrocubano podía completar o alimentar un personaje y una trama
si era asumido en su esencia. Marcos en simbiosis con Oggun hacia surgir
un personaje superior a ambos que iluminaba la esencia de cada uno, la
riqueza poética y danzaria de la mitología yoruba puesta
a convivir con la naturaleza histórica y humana de los personajes
en cuestión. En Retorna, obra cuyo tema es directamente una reflexión
sobre el espacio que le otorgamos a lo cubano en la vida y en el arte,
los personajes aparecen vestidos exageradamente elegantes, rayando en
lo cursi y tratando de aparentar una total acepcia por los tambores. Aparentan
no querer bailar la música cubana pero el ritmo es más fuerte
que ellos y los lleva por un camino frenético y descontrolado a
pesar de la lucha constante entre las poses que quieren mantener como
apariencia y las caderas que son arrastradas más allá de
todo posible control aparencial de clase, cultura, o personalidad. Tanto el momento en que encarnan al finocomo el momento en que después de luchar contra su propia apariencia son arrastrados por la gozadera están ironizados por los gestos, bailes y posturas no sólo típicas del cubano cliché, sino hasta del bufo, elementos de los que me valgo concientemente para mostrar lo grotesco y caricaturizar esta actitud de falsa acepcia. Cuando los personajes pasan la catársis y son concientes de
la transgresión tratan de disimular. En ese momento comienzan a
musitar la canción Retorna de Sindo Garay y a través de
distintas relaciones que se establecen entre ellos y la canción
van poco a poco abandonando las máscaras, comienzan a derrumbarse
los clichés, el grotesco cede y la obra termina en que los intérpretes
cantan a cuatro voces la canción, dejando atrás el tono
de parodia conque ha sido tratado lo cubano durante la obra. Lo interesante de este proceso fue el haber logrado armar
una dramaturgia que me permitiera utilizar los propios clichés
de lo cubano para, llevados al extremo, llamar la atención sobre
otros posibles puntos de vista de lo cubano, que alejados de los tabúes,
abren un espacio de reconciliación con ese mundo para quienes ya
lo daban por inútil . En El pez de la torre nada en el asfalto, obra cuyo tema
es el cubano en medio de una crisis, las reflexiones sobre lo cubano marcan
toda la primera parte: capacidad contemplativa, poca resistencia al patetismo,
búsqueda de la catársis inmediata, refugio en el humor exorcizante,etc
Tenía
que asumir elementos típicos de nuestra cultura como son una rumba
o la gestualidad del cubano y la opción fue elaborarlos sin que
perdieran sustancia en el proceso de extrañamiento. La rumba, al mezclarla con la técnica de contacto
que es una de las técnicas postmodernas que el grupo maneja habitualmente
y que parte de estímulos mutuos en el cuerpo, en el espacio que
produce el diseño del cuerpo y en las líneas de energía,
dió como resultado un discurso de movimiento donde los pasos esenciales
de la rumba aparecen con toda su fuerza pero emergiendo de otras fuentes.
Esto me permitió entrar en un género popular tradicional
desde una nueva perspectiva , y revitalizar una técnica como la
de contacto que es una asimilación foránea desarrollada
originalmente por la danza postmoderna norteamericana. En cuanto a los gestos y signos gestuales del cubano también
fueron elaborados coreográficamente. Pero a partir de su propia
negación, es decir, asumiendo el mito del cubano hipergestualizador
y utilizando toda esa famosa gestualidad para ocultar cosas, gestualizar
para no tener que decir o poder secretear, la gestualidad, aparente arma
de comunicación, convertida en arma de disimulo de lo ilícito,
ya que la escena donde se trabaja con el gesto en la obra es la de los
negocios prohibidos. Al elaborar el gesto cubano, cosa esta que se ha
hecho mucho en nuestra escena, el matiz decodificador se consiguió
a partir de ironizar traicionando este procedimiento. Las invocaciones y cantos afrocubanos aparecidos al calor
de una acción aparentemente casual, en esta primera parte, se seguirán
utilizando a lo largo de toda la obra con diferentes subtextos siempre
como símbolo de lo ritual, espiritual, religioso y natural, dentro
de una trama cuya multiplicidad literal se basa en los opuestos sociedad-naturaleza
, proyecto social-proyecto individual, ritual social-ritual religioso. Necesitaba un ritual purificador para que los personajes
pudieran pasar del presente al estado de total armonía con el medio
y entre ellos y ese ritual en Cuba tiene un nombre: despojo. No todos los países tienen la cultura viva y absolutamente interactuante en todos los planos de la existencia que tiene Cuba, siempre me ha parecido que vivir ignorando la enorme energía que puede insuflar a la expresión contemporánea la incorporación de elementos de nuestra cultura popular o folklórica es perderse un gran banquete. A mi juicio esa cultura es en sí insuperable y es por lo que al tratar con ella lo hago siempre con un nivel enorme de autoconciecia, como si metiera mis manos dentro de un cuerpo viviente del que hay que extraer órganos vivos sin lacerarlo. |